![]()
Kathi Macias
Author/Editor
¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de éste cuerpo de muerte?
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. (Romanos 7:24-25 RV)
Tengo una confesión que hacer: Soy una hipócrita. Aún más soy una mujer falsa, una impostora, una falsificación - y no hay nada que pueda hacer sobre ello.
Para aquellos de ustedes que no saben, estoy por publicar un libro que se titula MAS ALLA DE MI: VIVIENDO UNA VIDA DE PRIMERO-TU, EN UN MUNDO DE PRIMERO-YO. Con todo mi corazón, yo creo en el tópico/enfoque del libro – una vida de primero-tú, primero-yo, centrada en total y completa dependencia y confianza en la vida de Cristo dentro de nosotros – y con todo mi corazón yo trato de vivir esa clase de vida. El problema es que no puedo. La verdad es que yo fracaso miserablemente cada vez que trato – y también tú.
La mayor parte de nosotros, particularmente aquellos que conocen y aman a Jesús – desean vivir esa vida que no es egoísta, pero entre más tratamos, más fallamos y nos arrepentimos y fallamos nuevamente. ¿Por qué es eso?
Es porque no nos estamos arrepintiendo desde la raíz del pecado, ese centro-egoísta, orgullo-egoísta que solamente es para servirnos a nosotros mismos. El apóstol Pablo lo entendió muy bien cuando dijo, “¡Miserable de mí! ¿Quien me librará de éste cuerpo de muerte?” Gracias a Dios por la siguiente línea, que declara, Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro.” Pablo comprendió muy bien su completa inhabilidad de ser el hombre de Dios que él deseaba ser, pero también reconocía que Jesús había llenado la justicia y la piedad que Dios requiere de nosotros, y que nuestro amado Salvador extiende Su justicia y Su piedad a todos nosotros – si nosotros aceptamos. Y eso significa más que aceptarlo en orden de poder “comprar” nuestro seguro contra incendios para poder escapar del infierno cuando nos muramos. Significa depender en Su justicia y Su piedad por cada respiro que tomamos mientras estamos en ésta tierra.
Cuando nosotros fallamos, mi primera reacción es pedirle a Dios que me perdone específicamente por el acto del pecado que acabo de cometer, si es algo ostensible o apenas sensible a alguien más. Eso está bien, pero mientras yo trato de enfocarme en tratar de vencer ese acto en particular, nunca lo podré lograr. El tener buenas intensiones nunca es suficiente. Lo que siempre debemos de hacer es, cada vez que no podemos lograr el estándar que Dios requiere de nosotros, es pedirle que nos perdone por no amarlo lo suficiente. Esa es la verdadera raíz de cada pecado ¿verdad? Solamente un amor profundo y obediente por Él y dependiendo de Su amor es que nosotros podemos ser lo suficientemente fuertes; que me detiene a mí de desobedecerlo y de irme por mi lado. Y eso, por supuesto, es el corazón de “más allá de mí,” sin egoísmo, tú-primero forma de vivir que deben de caracterizar la vida y el testimonio de cada quien que nombra el precioso nombre de Jesucristo como nuestro Salvador.
Que así sea en las vidas de cada uno de nosotros, mis queridos hermanos, mientras buscamos amarlo más…