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Kathi Macias
Author/Speaker
“Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!
Pero por cuanto eres tibio, y no frío o caliente, te vomitaré de mi boca.”
(Apocalipsis 3:15-16 RV).
Una de las cosas que más amo de la Biblia es que no desperdicia las palabras. Tú no tienes que preguntarte que es lo que Jesús trató de decir cuando Él dijo que cuando somos tibios en nuestra fe hace que Él nos quiera “escupir” (vomitar) de Su boca. En esencia lo que Él está diciendo una fe diluida lo hace a Él querer vomitar.
¿Suena como un sacrilegio? No lo es. Es lo que Jesús dijo. Es parte de Su llamado a un discipulado radical. Jesús no nos ha llamado a una fe tibia que solamente presta un servicio-de-labios a Su Palabra y que talvez aparta casi todos o todos los domingos por la mañana para ir a la iglesia y compartir con otros Cristianos y leer la Biblia y orar ocasionalmente. Él nos ha llamado a una fe-vendida, un nivel de devoción y dedicación que radicalmente nos da todo - familia, posesiones, carrera, ministerio, relaciones, riqueza, y aún nuestras propias vidas – para obedecerlo a Él. Un discípulo radical no contiene nada y sigue en todo. Esa es la clase de vida que recibe un elogio de “bien hecho, buen y fiel siervo” cuando damos un paso a la eternidad.
Y va contra todo lo que nosotros sentimos y deseamos. También va casi contra todo lo que personas prácticas nos han enseñado. Mi papá, a quien amé muchísimo y quien ahora está con el Señor, pasó toda menos la ultima semana de su vida negando la existencia de Dios. Él era un hombre “común,” quien nos enseñó a no irnos más de la cuenta en nada. En cuanto se refiere a cosas no-esenciales, como comer chocolate, o pasar el tiempo afuera en el sol, eso probablemente era un buen consejo. Pero en lo que se refiere a servir a Dios, no es muy bueno. Dios no desea que nosotros seamos Cristianos “comunes” con temor a dar un paso radical u ocasionalmente derrumbar algunos cuantos socialmente, políticamente, y hasta religiosamente. Jesús nos llama a una fe de “todo o nada,” una fe que niega el yo y lo sigue a Él, sin importar el precio.
Nuestro problema es que hemos tratado de transformar al León de Judá en un gato, cuando en realidad el León de Judá no se puede domar – ni debiéramos desear domarlo a Él. El Mesías primero vino como el Cordero de Dios quien quita todos los pecados del mundo, pero cuando Él regrese será para juzgar a aquellos que lo han rechazado a Él como Dios y Salvador.
El llamado al discipulado es radical, mis amigos, así es que no lo tomemos en broma. Yo, por lo menos no deseo que mi fe sea tibia o que haga que Jesús me “escupa” de Su boca. Aunque el discipulado radical es costoso – requiriendo todo lo que está cerca y es querido por nosotros, incluyendo el derecho a tomar las “decisiones” en nuestra vida – es la única cosa que nos asegurará el gozo aquí en la tierra y premio en el cielo cuando nos vayamos de aquí. ¡Que todos encontremos esa fe – y radical – en Su servicio!