
Kathi Macias, Author/Speaker
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“Porque para mí vivir es Cristo, y el morir es ganancia.”
(Filipenses 1:21 RV)
Le dije adiós a Brian ayer, aunque nunca tuve la oportunidad de decirle hola. Pero eso está bien porque Brian era Cristiano y yo también, así es que yo sé que algún día muy pronto lo podré saludar.
Brian tenía treinta y tres años, la misma edad de Jesús cuando Él murió en la cruz. Brian creció en la fe cristiana pero, como muchos jóvenes, se apartó por un tiempo. Hace unos pocos años, sin embargo, Dios le dio a Brian una “cita divina” a través de un peluquero cristiano quien lo dirigió de regreso a su rebanó. Como resultado, el servicio conmemorativo de Brian fue la celebración de un joven cuyo corazón perteneció al Señor y que se había ido adelante de nosotros para estar con Él—otro tesoro más en el cielo, aguardando nuestra llegada.
Como amiga y colega de la madre de Brian, Yvonne, yo asistí al servicio para su precioso hijo, como hicieron varios otros amigos escritores/oradores, para apoyar a nuestra estimada hermana en su pérdida. Y aunque diciendo un temporal adiós a su amado y único hijo fue indudablemente una de pruebas más duras y difíciles que Yvonne jamás había tenido o jamás aguantaría, y ella lo hizo todo con gracia y fe, hasta el grado de darle un elogio poderoso a Brian, el cual terminó levantando la mano para señalar al cielo mientras declaraba la verdad de Filipenses 1:21: “Para a mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. Entonces ella agregó, “Brian ha ganado”.
¡Cuán verdadero que es esto! Aunque apenados por la pérdida de nuestros seres queridos, nosotros como creyentes no sufrimos como los que no tienen esperanza, porque sabemos que nosotros otra vez volveremos a ver a los que se han muerto en la fe, aún cuando nosotros continuamos viviendo en fe. Por eso, aunque yo nunca tuve el privilegio de conocer a Brian en esta tierra, yo sé que algún día lo saludaré en cielo, porque compartimos la misma fe, el mismo Padre, el mismo Salvador. Y en verdad, no hay ningún otro.
Porque justa y seguramente como los que hemos recibido a Jesucristo como Salvador estamos asegurados de una casa eterna en la presencia de Dios el Padre, los que han rechazado a Cristo están asegurados a una separación eterna de Él—a menos que ellos se arrepientan antes que ellos respiren su último suspiro. Si usted vive para Cristo, entonces usted está en una situación en que todos ganan: Sirviéndole a Él aquí, o “graduándose” al cielo para estar con Él para siempre. Pero si usted no lo sirve/adora a Él aquí en la tierra, usted está en una situación de perder-perder, y sólo humillando el corazón ante Dios y recibiendo Su perdón puede hacer la diferencia.
No espere, amado mío. Brian sólo tenía treinta y tres años de edad cuando Dios lo llamó a casa. A nosotros no se nos promete el mañana—sólo hoy, y la Biblia dice “es el día de salvación”. Arréglelo todo en su propio corazón/vida, y entonces comprométase a orar por otros que necesitan hacer lo mismo.