
Kathi Macias, Author/Speaker
www.KathiMacias.com
“Como son más altos los cielos que la tierra,
Así son mis caminos más altos que vuestros caminos,
y mis pensamientos más que vuestros pensamientos dijo Jehová.”
(Isaías 55:9 RV)
Nosotros los seres humanos fuimos hechos en la imagen de Dios, no al revés, aunque nosotros a menudo nos olvidamos de esa gran verdad. Como resultado, tenemos una vista sesgada de Dios, del mundo, de la vida, y de nosotros mismos. La única manera de corregirlo es poner a Dios en una perspectiva apropiada. Eso significa que no Lo podemos examinar bajo el microscopio de nuestro razonamiento finito, sino que Lo debemos de percibir por el telescopio de Su Palabra.
Nuestro pastor ha estado enseñando sobre la soberanía de Dios, inclusive el hecho que por virtud de Su soberanía es que tenemos sólo una elección para vivir en la perspectiva apropiada como aquellos que son hechos en la imagen del Soberano—debemos adoptar una actitud de siervos. Porque vivimos en un país maravilloso que nos ha permitido tomar parte en el gobierno, a nosotros a menudo se nos olvida lo que significa vivir bajo regla soberana. Los que viven bajo un rey o un dictador o bajo alguna otra forma de liderazgo soberano comprenden mejor que nosotros. La diferencia es que nuestro Soberano no es humano y por lo tanto no está limitado por capacidades humanas o manchado por el pecado humano. Pero nuestra llamada al servicio es no menos real; más bien es aún más real, porque nuestra relación al Soberano del Universo es eterna, en vez que temporal.
Verdaderamente, Jesús dijo que Él ya no nos llama “siervos” a aquellos que Lo seguimos, sino que nos llama “amigos.”¡Y que gran privilegio es ese! Pero no anula el hecho que nosotros todavía debemos de andar en la sumisión y la obediencia al que ha numerado nuestros días y ordenado nuestros pasos.
Los Estados Unidos de América son una República, basada en reglas democráticas que nos permite decir cómo debemos de ser gobernados. Pero no es así en el Reino de Dios. Nosotros no votamos en leyes pendientes, no protestamos en las leyes que existen, o elegimos a un nuevo gobernante. Dios está encargado, punto. Él siempre ha sido y siempre será, a pesar de cómo humanos puedan quejarse o puedan delirar, o puedan sacudir los puños al cielo, o negar Su existencia.
Dios está más allá de nuestra comprensión porque Él es perfecto y nosotros no lo somos. Él está más allá de nuestra comprensión porque Él es omnisciente, omnipresente, y omnipotente; nosotros no lo somos. Él toma TODAS las decisiones, no solamente algunas de ellas, y Él no tiene necesidad de consultarnos antes o de disculparse si no nos gusta el resultado de lo que decidió. Y Él no estuvo bajo ninguna obligación de enviar a Su Hijo a pagar por nuestros pecados para que podamos tener una vez más una relación con Él.
Pero así lo hizo Él. Y ese es un aspecto asombroso de Su personalidad que es casi imposible de entender. Un Dios perfecto y todopoderoso, que no necesitó nada de nosotros y no nos debía nada, se humilló para entrar en nuestra presencia y revelarse a nosotros lo suficiente para que pudiéramos comprender mejor a nuestro Creador, lo más que pudiéramos saber para reconocerlo como Señor Soberano y darnos alegremente y de buena gana nuestras vidas para dedicarlas a Su servicio. Y porque así lo hizo Él, estamos sin excusa si no respondemos.
Un viejo episodio humorístico de Dennis La Amenaza representa propensamente nuestra postura necesaria ante un Dios soberano, como muestra el pequeño niño que se arrodilla a la cabecera de su cama, con sombrero de vaquero puesto, un fusil plástico a su cintura mientras él dobla las manos en súplica y dice, “estoy aquí para entregarme”.
Nosotros con nuestros sombreros torcidos de vaquero y fusiles plásticos podemos pensar que estamos encargados de nuestras vidas, pero es únicamente porque no hemos comprendido que somos nosotros los que hemos sido hechos en la imagen de Dios, no El en la nuestra. Tire ese microscopio que minimiza al Soberano del Universo a Uno que existe para servir nuestras necesidades, y comience a estudiar a Dios por el telescopio de las Escrituras. Yo le prometo que muy pronto su vista aumentada de Dios le dará el corazón de un sirvo que no desea nada más que cumplir el propósito para cual Él lo ha creado.