
Kathi Macias
Author/Speaker
Entonces Maria dijo: He aquí la sierva del Señor;
hágase conmigo conforme a tu palabra. (San Lucas 1:38 RV).
Con la Pascua que acabe de pasar y Día de la Madre en el horizonte, he estado pensando mucho en las madres, en particular dos de ellas en la Biblia. Primero, por supuesto, está Eva, a menudo referida como “la madre de todo lo viviente.” Y también está Maria, la madre de nuestro Salvador, Jesucristo.
¡Qué estudio en contrastes! Eva, que con Adán tenía el privilegio de vivir en el ambiente perfecto y en una relación perfecta el uno con el otro y con Dios — sin mencionar todos los animales – dominada por a la tentación de dudar de Dios en el momento que la serpiente puso en duda la Palabra del Creador y Su carácter. Y la raza humana entera ha estado tratando con las consecuencias desde entonces. Maria, por otra parte, afirmó la bondad y la infalibilidad tanto de la Palabra de Dios como Su carácter cuándo ella respondió, “¡He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra!” A consecuencia de la obediencia humilde de Maria y su fe, ya no tenemos que pagar las consecuencias de la opción tonta de Eva y el pecado ostensible de Adán.
Maria de Nazaret, era una jovencita inocente comprometida con un hombre llamado José, cuya vida había sido invadida por un ángel, quien le anunció que ella iba a tener a un bebé, aunque ella fuera una virgen. “Con Dios, nada es imposible,” el ángel le dijo. Y con aquella explicación, esta joven virgen se cedió a la voluntad de Dios y a Su propósito para su vida.
¿Así como Eva se cayó en pecado cediendo a la tentación de dudar la Palabra de Dios (“Dios en efecto ha dicho…?”) y Su carácter (“Dios te dijo que no comieras del fruto de este árbol porque Él no quiere que tu seas como Él o saber tanto como Él”), Maria era capaz de realizar su destino porque ella creyó que la Palabra de Dios era verdadera y Su carácter era bueno. Por lo tanto se despojó de todos los derechos a su propia vida y se dispuso a realizar el objetivo de Dios para con ella en traer adelante al Salvador del mundo.
Durante esta temporada post-pascua cuando nos acercamos al Día de la Madre y cuando honramos a aquellas mujeres que nos dieron la vida física aquí en la tierra, podemos también nosotros honrar aquella gran verdad demostrada y modelada a nosotros por la madre de Jesús — la verdad que la Palabra de Dios es siempre verdadera y Su carácter es siempre bueno; por lo tanto nosotros podemos confiar en Él y de buena voluntad despojarnos de nuestras propias vidas para servirlo, así como aquellos que nos encontramos en la jornada a nuestra morada.